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Review del concierto en Lima - 2009

A las 6pm ya había dos colas que daban la vuelta a la manzana del María Angola. El ingreso al local comenzó a las 7:30pm en forma ordenada, donde entregaron pulseras de colores para diferenciar las zonas Polaris, Destiny e Infinite. Poco a poco se fue llenando hasta el límite de su capacidad y ya se tenía la información oficial: Sold Out!

El concierto comenzó a las 9:20pm con la introducción de Destiny, desde la primera nota se notaba la emoción del público y su desesperación porque el concierto empiece de una vez, que la banda salga ya… todos gritaban y alzaban sus puños con cada golpe de batería y finalmente estallaron en saltos y algarabía cuando la guitarra, bajo y teclados entonaron la melodía del tema acompañados con el doble bombo a toda caña de Jörg Michael, y los gritos retumbaron cuando Timo Kotipelto apareció sobre el escenario cantando las primeras palabras y que todo el público acompañó, sin dejar de cantar el coro a todo pulmón. Un comienzo demoledor, tanto para el público como para la banda, estaban realmente sorprendidos al ver a miles reunidos y con una actitud tan potente y entregada.

Luego seguirían con Hunting High and Low, hit del álbum Infinite que también fue cantado de principio a fin por el público entusiasta, causando mayor impresión en la banda que se contagio totalmente con la energía peruana.

Inmediatamente después con la euforia aún en el aire, arremetieron literalmente a la velocidad de la luz con Speed of Light, donde Matias demostró estar a la altura que la técnica requiere.

Para calmar un poco los ánimos, siguieron con The Kiss of Judas, para regocijo de los fans que acompañaban rítmicamente con las palmas en el aire. Continuaron con Deep Unknown, primer tema del nuevo álbum, que para sorpresa de los propios músicos fue coreado a toda voz por el público, demostrando que no sólo conocían sus hits clásicos, sino que la respuesta fue igual de fuerte ante los temas nuevos.

La intro de A Million Lightyears Away hizo nuevamente que todos levantaran las manos y aplaudieran al compás de la canción sin dejar de cantar el coro con la misma fuerza que en los temas anteriores.

Siguió un momento de calma en el momento en que Matias y Jens interpretaron sendos solos clásicos demostrando cada uno su virtuosismo y pasión por la música clásica la música, regalándonos una bella interpretación de fragmentos de Bach y Beethoven.

Continuaron en la línea suave con el segundo tema de la noche perteneciente a Polaris, Winter Skies, cuyo final con un hermoso solo de piano puso la piel de gallina hasta al más duro metalero presente.

Retornando a la velocidad y fuerza, siguieron con Phoenix, provocando la vibración del público que no dejaba de saltar y moshear durante la parte más thrashera del tema, y la banda demostró en cada nota que al igual que el ave fénix, a pesar de los problemas por los que pasaron en los últimos años, supieron resurgir más fuertes aún.

Ahora llegaría el momento por el que los dos mil peruanos presentes recordarán siempre este extraordinario concierto: el duelo de solos de guitarra y bajo entre Matias y Lauri dejaron a todos con la boca abierta por la pulcritud de la ejecución, los cambios de ritmo y exploración de otros géneros y técnicas no utilizadas normalmente en el metal que arrancaron los aplausos y vítores de los asistentes, hasta llegar al clímax con la inesperada interpretación en bajo de la obra cumbre de nuestro compositor nacional Daniel Alomía Robles, El Cóndor Pasa. Este detalle hizo que Stratovarius deje una huella imborrable en todos los corazones de los fans testigos de tan sensible detalle.
Finalmente cerraron este segmento instrumental con Holy Solos, recibiendo la mayor ovación de la noche (sin contar la despedida).

Forever is Today fue el tercer y último tema de Polaris que tocaron esta noche, haciendo saltar a todos con la velocidad y potencia característica del mejor Power Metal del planeta.

Luego vendría el tema más “antiguo” de la noche, Twilight Symphony del álbum Fourth Dimension (1995) armándose nuevamente un bloque humano saltando y coreando al mismo tiempo.

Uno de los temas más esperados de la noche llegó a continuación, Paradise, que a pesar de no ser un “single” oficial es una de las canciones preferidas por los fans en el Perú y que al no haber estado considerado dentro del setlist que venía tocando la banda en la gira, fue una agradable sorpresa para todos que la incluyeran en Perú (aunque también la habían incluido días atrás en los conciertos de Brasil y Ecuador). La respuesta del público no pudo ser mejor, no sólo cantaron el coro, sino que la letra de la canción completa se escuchaba con la misma intensidad en todo el María Angola, causando una gran impresión entre los músicos que agradecían con sus miradas, gestos y pasión al tocar para nosotros.

Cerraron la primera parte del concierto con otro himno feliz, Eagleheart, también llevando las gargantas de los fans al límite al cantarla con tanta efusión.

Un par de minutos de merecido descanso para recobrar el aliento, fue seguido por la parte final del concierto, tocando el tema más emotivo de la banda, la conmovedora Forever donde fue el público quien prácticamente opacó la voz al mismo Kotipelto al cantarla tan fuerte. En este punto fue imposible no extrañar a Timo Tolkki, otrora principal compositor y guitarrista de Stratovarius, no porque la ejecución de Matias haya tenido alguna carencia, sino por la carga emocional que Tolkki le daba al tema (que fue compuesto a la memoria de su padre).

Y luego de la paz se desató la tormenta, con otro de los temas más esperados de la noche, la poderosa Father Time, que cual tifón causó gritos, saltos y pogos demoledores entre los más aguerridos y eufóricos fanáticos.

Finalmente llegó el momento anhelado por todos, en cierta manera generando sentimientos encontrados porque el escuchar el más esperado y grandioso éxito de Stratovarius también significaba el final del concierto. Es así que Jens Johansson empezó su juego final, con una introducción de teclado que traveseaba con las notas de la famosa canción sin llegar a comenzarla, causando una creciente ansiedad entre el público que esperaba impaciente el inicio de este tema que al igual que su nombre, es una rara joya de belleza difícil de repetir: Black Diamond.

El final llegó, dejando a todos extasiados, felices y satisfechos, tanto la banda como el público, agradeciéndose mutuamente toda la entrega, pasión y afecto mostrado durante cada minuto de la noche. La alianza entre Finlandia y Perú quedó sellada al compartir el tradicional cierre que Stratovarius utiliza desde sus primeros tiempos: contar hasta cuatro en finés: Y! Ka! Ko! Né! Muchas gracias a todos y hasta la próxima gira.